Cicatrices

Cicatrices

La vida nos tatúa cicatrices en la piel, nos graba muescas imborrables en el alma y la memoria. Marcas salpicadas en la rodilla que recuerdan una cuesta en bicicleta a toda velocidad.. La marca del cierre de una escopeta en un dedo, la quemadura de un pedazo de plástico.. una línea que recorre la pierna. Cicatrices más profundas, invisibles y permanentes… Una cerilla se enciende y es Navidad. Un olor que se filtra de pronto y estás en casa. Suena la música y te encuentras a kilómetros y años de distancia. Nos hablan de nuestro ayer, de historias compartidas, de batallas, de accidentes, de sueños rotos. Son la prueba de que amamos, reímos, lloramos, vivimos. Nos recuerdan quienes fuimos, aquello que quisimos llegar a ser. Y lo que, para bien o para mal, terminamos...

La radio no habla de nosotros

Nos habla de un señor que era tesorero de un partido político que, por lo visto, se ha llevado millones a Suiza. De un jugador de fútbol que parece que cuesta 100 millones. De un portero que era titular y ya no lo es. De problemas lejanos que ocurren a la vuelta de la esquina. La radio no habla de nosotros. Habla de dinero, de mentiras, de personas que dice lo contrario a lo que hacen. Y es difícil interesarse cuando la actualidad te resulta ajena y extraña. Cuando las noticias no hablan de cosas importantes. La radio no habla del nuevo piso de David, ni del contrato de José Alberto. Ni cuenta nada de que Sergio está prometido e inunda su twitter de “te quieros”.. Ni de los brillantes ojos de Jimena, ni de la sonrisa de Clara, ni del nuevo puesto de Luzma.. Habla de una disputa absurda con Inglaterra, de un presidente americano.. No dice nada de cursos de buceo, ni del fin del verano. La radio nunca habla de los primeros besos. Ni de los...

Nocturnidad

Hay noches de enormes camas vacías, saturadas de ausencias y recuerdos. Noches que nos quiebran el alma y la memoria, que nos llevan a tiempos pasados, a madrugadas vividas o soñadas. Hay noches bañadas en luna , repletas de susurros y risas, de besos y sudor. Hay noches en vela que son eternas, donde la angustia frena el reloj. Hay noches que nos abrazan y nos reconfortan, que nos llevan a puerto y nos alegran el corazón. Noches de brindis, de risas y de abrazos. Madrugadas compartiendo sueños, cumplidos o anhelados, mientras el sol amenaza con romper el horizonte. De apuntes, de música o radio sin apenas volumen, memorizando lo que ya no recordamos. Noches kilométricas, con la alegría de un reencuentro o la tristeza de una despedida, en ocasiones entremezcladas. Noches que no sabemos que son irrepetibles, hasta que el sol las disuelve en la bruma de la...
Bautismo submarino

Bautismo submarino

El otro día, después de unas semanas de espera, fuimos a lo que llaman un Bautismo de buceo. Que básicamente consiste en que te disfrazan con un traje de neopreno, te ponen a la espalda y la cintura 10 kilos de material entre botella, respirador, cinturón de lastres y demás, y te dicen que saltes desde una zodiac al agua, y que respires con normalidad. El caso es que una vez en el agua, y cuando te acostumbras a no patalear como si te fueras a ahogar, es relativamente fácil moverse con todos los bártulos. Y luego llega la parte guay. La parte en la que te hundes y vas bajando poco a poco. Y el agua te envuelve, y no hay más sonido que tu respiración, y las burbujas que suben rápidamente hasta la superficie. Y peces nadan a tu alrededor, y pasan entre tus manos mientras el sol se filtra en el agua, recordándote que hay un mundo fuera, que no se parece en nada al que empiezas a explorar poco a poco, entre rocas con pequeños pulpos escondidos entre sus grietas, algas y un fondo de arena fina que se quiebra a cada golpe de aleta. Nos decía la monitora, antes de bajar, que lo malo del buceo es que engancha. Y moviéndonos bajo la superficie de un mar que hasta ese momento creíamos conocer, entendímos a qué se refería. Aún con la inexperiencia, con la mente puesta en respirar correctamente, en moverte como te habían dicho, a tantas cosas distintas, la sensación de tranquilidad es una pasada. Pensábamos, yendo en la zodiac desde el puerto ...

No me salves, gracias.

Si, a ti te lo digo. A ti, que vienes cuando estoy disfrutando de una victoria de la Selección o de un triunfo de Nadal, por poner un ejemplo. A ti que vienes con la musiquita del “pan y circo”. No me salves, no hace falta. Vete a tocarle las pelotas a otro. Porque resulta que yo ya sé como están las cosas. Lo jodido que está todo. Lo se, quizás, hasta mejor que tú. Porque yo pago hipoteca, vivo con un sueldo, pago las facturas y veo como a mi alrededor familiares, amigos y conocidos caen y aguantan a duras penas bajo el fuego de mortero de eso que llamamos crisis. Lo tengo muy claro, como para que vengas tú a salvarme de la ignorancia y quitarme la venda de los ojos. Porque resulta que al igual que otros muchos como yo, llevo trabajando desde hace años, buscándome la vida donde y cuando he podido, tirando para adelante cuando no quedaban más cojones, porque no se podía ir en otra dirección. Porque se lo que es la prima de riesgo, y el problema de las preferentes, y la deuda, y la desconfianza de los mercados, y la ineptitud e incapacidad de nuestra clase política que da miedo y vergüenza.. Aunque a veces me haga el despistado, por no hacerme mala sangre y porque pienso que es más positivo seguir remando, aunque mi barco sea pequeño, muy pequeño, antes que instalarme en el desánimo y en la mueca despectiva. Pero resulta que también se que esto no acaba aquí. Que las cosas nunca acaban aquí. Que siempre hay un...
34 es casi 7×5

34 es casi 7×5

Hace tiempo leí que el cuerpo humano, a nivel molecular, se regenera completamente cada 7 años (más o menos). No todo a la vez, pero si poco a poco. Lo que hace que, cada cierto tiempo, todos nuestros órganos sean diferentes. No es algo exacto y a lo mejor tampoco es algo muy científico, pero si me pareció curioso. A principios de este mes cumplía 34 años y eso, como dice el título, son casi 7×5. Pensaba el otro día que, sin ser algo exacto, si me parece simbólico el dividir nuestros diferentes “YOs” en tramos de 7 años. El yo que era con 21 años se parece poco al que cumplirá 35 el año que viene. Con 21 años mis ilusiones, mis proyectos, mis sueños en una palabra, no tenían nada que ver con los actuales. Entonces no podía saber que un año y medio después me iría a Irlanda, ni que me compraría un piso sin pensarlo mucho casi por casualidad. Supongo que era más ingenuo, o con menos experiencia. Y en parte eso fue una suerte, porque muchas cosas que hice en aquellos tiempos resultaron un acierto imprevisto. 🙂 Ese Yo de 21 años, con sus idas y venidas, su llegada de nuevo a España, su piso nuevo y su coche muy muy viejo.. Cómo pasa el tiempo. Lo pienso ahora y me parece recordar la película de la vida de otra persona. Y de pronto te plantas con un YO de 28 años, inmerso en una actividad laboral incierta,trabajando como autónomo, abriendo un negocio propio ese mismo año, y entrando de cabeza en relaciones personales...